En laboratorio, un químico transformó el residuo que queda después de preparar el café —cuncho o “borra”— en un material similar a una esponja capaz de remover hasta el 98 % del azufre (parte contaminante) presente en una mezcla que simulaba combustibles como la gasolina y el diésel.
Detrás del hallazgo está Luigi Sebastián Merchán Suárez, magíster en Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien decidió estudiar un problema que, aunque casi nunca aparece en las conversaciones cotidianas, sí influye directamente en la calidad del aire que respiramos.
Cuando un carro, bus o camión quema gasolina o diésel emite no solo dióxido de carbono, sino que también libera compuestos de azufre que, al entrar en combustión, se transforman en gases contaminantes asociados con problemas respiratorios, lluvia ácida y deterioro de la calidad del aire. Además aceleran el desgaste de tuberías y equipos industriales en refinerías y sistemas de transporte de combustibles.
Aunque la industria petrolera lleva décadas usando hidrodesulfuración —un proceso que usa hidrógeno, altas presiones y catalizadores para separar el azufre del combustible—, algunos compuestos son mucho más difíciles de eliminar porque el azufre queda inmerso dentro de la molécula, por eso remover esas últimas trazas exige más energía y mayores costos.
“Algunos compuestos azufrados son mucho más difíciles de eliminar porque el azufre queda ‘muy protegido’ dentro de la molécula, por decirlo de forma sencilla”, explica el químico Merchán.
Remover esas últimas trazas exige condiciones cada vez más agresivas, entre ellas más presión y más temperatura, y en consecuencia mayor consumo energético y costos más elevados.
Además el reto en Colombia es cada vez mayor, ya que, según diversos informes de Ecopetrol, el país se ha propuesto reducir el contenido de azufre en combustibles a menos de 10 partes por millón hacia 2030, una meta que exige procesos de refinación más eficientes.
Fue ahí donde el investigador Merchán comenzó a mirar hacia un lugar inesperado, pero abundante en Colombia: el café, un cultivo que genera grandes cantidades de residuos a lo largo de su cadena productiva.
Su investigación formó parte de un proyecto intersedes de la UNAL enfocado en encontrar nuevas aplicaciones para residuos de la industria cafetera. Allí evaluó subproductos como pulpa, cáscara, pergamino y cuncho de café, siendo este último el más prometedor.La clave está en su composición química
El cuncho de café es una biomasa rica en carbono, una propiedad crucial para fabricar materiales adsorbentes —similares a esponjas—, es decir capaces de capturar moléculas sobre su superficie.Pero convertir ese cuncho en un material funcional requirió mucho más que secarlo y reutilizarlo. Para los ensayos preliminares el químico de la UNAL trabajó con pequeñas cantidades recolectadas en la cafetería del Laboratorio de Investigación en Combustible y Energía del Departamento de Química, y cuando comprobó que el material tenía potencial, surgió el reto de garantizar que todas las muestras fueran comparables.










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