En la agricultura orgánica el suelo es considerado una entidad "viva" donde interactúan componentes o condiciones físicas, (proporciones de arena, limo y arcilla; capacidad de retención de agua, peso del suelo, pegajosidad, entre otros, químicas (minerales, y nutrientes) y biológicas (el trabajo de una serie de organismos que ayudan a descomponer la materia orgánica y a transformarla en nutrientes para las plantas).
Se dice que cuando se cosecha un cultivo también se está cosechando el suelo, es decir, la fruta cosechada y sacada del campo de producción está llevándose en su interior grandes cantidades de los nutrientes que forman parte del suelo.
Es necesario devolver al suelo la mayor cantidad de los nutrientes que se sacan, así en suelo podrá seguir alimentando a las plantas existentes y las que vienen. En cuanto al orito, poco se conoce de cuales nutrientes prefiere más esta musácea. Tampoco se conoce mucho de cuales son las características y los nutrientes que poseen los suelos cultivados con orito.
Para conocer cuáles son las condiciones físicas, químicas y biológicas de un suelo, es preciso hacer un análisis de suelo. Entre otros resultados, el análisis de suelo indica qué nutrientes tiene naturalmente el suelo y qué otros necesita. Los análisis de suelo ayudan mucho en las decisiones para seleccionar el abonamiento adecuado. Así se evita hacer gastos innecesarios (para la toma de muestras del suelo y para encontrar un lugar donde hacer el análisis, consulte con su técnico de apoyo o en cualquiera de las estaciones experimentales del Iniap).
La observación es otra forma de analizar el suelo. Se toca el suelo para sentir su textura y su olor, se verifica la existencia de insectos, lombrices, ciempiés y otros organismos. La observación es un método al que recurren muchos agricultores donde también se analiza el crecimiento, el color, la forma de las plantas y la calidad de los frutos. De esta manera "se toma el pulso" a los cultivos, al suelo y a los abonos que se utilizan.




