El cobre es esencial para las dietas humanas y de ganado, también es indispensable para la producción normal de glóbulos rojos, la función inmune, la reproducción, así como la formación de hueso y tejidos conectivos (McDowell, 2003).
En rumiantes, los efectos negativos de la fermentación del rumen sobre la biodisponibilidad del cobre y del cobre sobre la digestibilidad de la fibra del rumen debe ser considerada.
Las fuentes de cobre dietético incluyen sales minerales inorgánicas (sulfatos, carbonatos, cloruros) y cobre orgánico (cobre unido con varios ligandos orgánicos, como los aminoácidos). Estas fuentes varían en solubilidad, estabilidad en el rumen y en el tracto digestivo, así como en la biodisponibilidad relativa para la vaca.
El estado del cobre a largo plazo, como lo refleja la concentración de cobre en el hígado, es una preocupación. Los datos recientes de varios laboratorios de diagnóstico veterinario han indicado acumulación de cobre hepático en ganado lechero relacionada con la edad (Hall, 2015). Las vacas maduras (de tres años de edad y mayores) muestran niveles elevados de cobre en el hígado, que a veces exceden el límite superior del rango normal, lo que puede generar dudas sobre la posible toxicidad subclínica del cobre en las vacas lecheras más viejas (Hall, 2015; Lyman et al. , 2015).
Las vacas Jersey parecen acumular cobre hepático a una tasa más alta que las Holsteins. Las biopsias de hígado realizadas por un veterinario con licencia proporcionan la mejor evaluación del estado del cobre en un hato lechero.
El cobre soluble en agua se une a la fibra vegetal y otra materia orgánica, pero los niveles elevados de cobre soluble en el fluido del rumen pueden reducir la digestión de la fibra. Al mismo tiempo, la unión del cobre a la fibra no digerible reduce la absorción de cobre en el intestino delgado.
Otros antagonistas del cobre están presentes en suelos, forrajes e ingredientes de alimentos. El azufre, en forma de ion sulfato, y el molibdeno son los dos antagonistas de cobre más importantes, ya que forman un complejo insoluble en el rumen y reducen la absorción (McDowell, 2003). Por último, el cobre libre en los alimentos puede reaccionar y destruir las vitaminas A, D y E. En este contexto, el sulfato de cobre es la forma más reactiva.




