INTRODUCCIÓN
El tamaño de camada es uno de los principales parámetros que definen la productividad en una granja, y muy intrincado en los análisis de sensibilidad con la rentabilidad de la misma (Ocepek, 2017). En los cuarenta años del sector porcino las cerdas han incrementado un 50% su prolificidad, pasando de 10 a 15 de nacidos vivos de media (Dourmad,JY 2019). En la última década las compañías genéticas han realizado un importante trabajo de selección en prolificidad con un aumento de 0,2 lechones/año en los últimos 20 años, por lo que ya contamos en la práctica con camadas de un gran número de lechones al nacimiento (>14). El problema surge cuando tenemos una relación positiva entre los nacidos totales y los nacidos muertos, y sobre todo con una mayor dispersión sobre el peso medio con un porcentaje no despreciable de lechones de bajo peso con menor vitalidad y viabilidad, que aumentan la mortalidad en lactación y reducen el peso al destete a los mismos días (Tokach, M 2019). Hay una correlación directa entre el menor peso al nacimiento con una mayor mortalidad en lactación (Abell, 2015). Es por todos bien conocido como son numerosos los factores que influyen en el tamaño de la camada al nacimiento, como son la genética, sanidad, nutrición, ambiente, infraestructuras, manejo reproductivo de hembra/veracos y equipo humano.
Teniendo en cuenta que al hablar de tamaño de camada me quiero referir en todo momento no solo al número total de lechones nacidos, sino más bien al peso total de la camada al nacimiento, que es la ecuación de número de lechones nacidos vivos por el peso de cada uno de ellos que entiendo será nuestro óptimo productivo derivado de que el objetivo es producir el mayor número de kilos de carne ingresados por cerda presente/año. En condiciones prácticas una cerda reproductora actualmente consume una media de 1.175 kg de alimento/año (1.150-1.285) que ascienden a una cuantía económica que va de los 285 a los 300 €/cerda/año, que supone que cada lechón al nacimiento de media tiene un costo tan solo de lo imputado por este apartado de 10 € que se diluye a poco más de 10 céntimos por kilo salido a matadero, lo que nos da idea del gran retorno de la inversión en disponer de un correcto programa de nutrición en nuestras cerdas hiperprolíficas.
Y destacar que no es tan importante la cantidad como la calidad de los nutrientes en cada fase de producción, sí siendo esencial la cantidad en cada fase, una de las tres fases de gestación y las otras tres de lactación, además del periodo de recría de la futura reproductora. La nutrición se basa en los equilibrios, no tanto en valores de nutrientes máximos y mínimos, siendo, de hecho, en ambas situaciones, cuando vamos a crear problemas productivos derivados de trastornos metabólicos asociados tanto al síndrome de cerda grasa como cerda delgada. No siempre más es mejor, y tenemos el ejemplo en que un sobreconsumo que desencadena en cerdas grasas nos provocará una mayor tasa de mortalidad en las cerdas (SEGES, 2019), además de otros muchos problemas productivos sobre todo centrados en la fase de lactación. En las cerdas grasas se produce una alteración de la actividad mitocondrial y del stress oxidativo que alteran la calidad de los ovocitos, y que por lo tanto comprometen tanto su fertilidad al siguiente ciclo como la prolificidad en la próxima camada (Grindler, 2013). En humanos está perfectamente descrito cómo la obesidad aumenta el riesgo de diabetes y patologías ováricas asociadas a la insulinoresistencia (Puder & Pralong, 2009).
TABLA 1. Cuadro de mandos básico de los objetivos productivos.
CONSIDERACIONES
La nutrición en las cerdas va a influir directamente en los dos pilares de la reproducción, como son la fertilidad y la prolificidad, además de en la longevidad, por lo que su impacto sobre la rentabilidad de la granja es evidente. La nutrición es un todo y no una parte, comenzando en el mismo momento del nacimiento de las cerditas futuras reproductoras, continúa en su fase de crecimiento y desarrollo, concluyendo con las fases de gestación, destete a inseminación y fase de lactación. Para obtener el mayor potencial de número de lechones producidos de calidad por cerda a lo largo de su vida productiva, debemos trabajar de forma global con la alimentación en todas estas fases productivas. Son muchos los trabajos que demuestran la relación estricta entre la correcta alimentación de la cerda, su bienestar y productividad. En los mamíferos la reproducción desde el punto de vista metabólico es un lujo, por lo que cualquier alteración nutricional condicionará la misma, estando en la base el equilibrio homeostático y la flexibilidad metabólica (Larhlimi,2016), que están sometidos a los cambios de las reservas tanto de grasas como de proteínas corporales (Boyd, 2000).
La interacción entre la genética de las actuales cerdas y la nutrición es por tanto un punto clave para poder alcanzar el óptimo productivo. La heredabilidad estimada para la deposición de reservas corporales es moderada en cuanto al metabolismo energético y la ganancia de grasa corporal (h2=0,23), con una fuerte asociación genética entre la movilización de reservas corporales y la producción de lechones, además de una elevada y negativa correlación genética entre dicha movilización de reservas y la mortalidad de lechones en lactación. No menos importante es la correlación negativa entre la ganancia de peso de la camada en lactación con la penalización del metabolismo energético asociado a que el consumo de alimento por parte de la cerda está positivamente correlacionado con la movilización de grasa de la misma (Banville, 2017). El nivel de grasa corporal y peso antes del parto están con el consumo total de alimento durante la lactación, de forma que el primero lo condiciona negativamente y el segundo lo afecta positivamente. El consumo durante la primera semana de lactación está positivamente asociado con el consumo total de nutrientes en lactación, pero dicha correlación depende del peso de la cerda en el momento del parto, siendo más acusado en las cerdas primerizas que en el resto, lo que desemboca en condiciones fisiológicas en una diferencia en la capacidad de consumo de entre 8-12%, menor entre las primeras y las segundas (Lemay,2017). Bien sabemos que la selección genética nos ha llevado a tener animales con un consumo residual de alimento menor que implica una reducción en su metabolismo basal (Barea, R 2010) y por lo tanto a hacerlas más eficientes-sostenibles a nivel productivo (con el mismo alimento producen más).
Pero en todo este gran número de ventajas competitivas de las cerdas actuales no debemos olvidarnos para modular las dietas actuales tanto en macro como sobre todo en micronutrientes, algunos de los condicionantes siguientes:- La evolución genética en parámetros productivos ha tenido una asociación negativa con su capacidad de respuesta al stress (Kanp & Rawn, 2009).
- El impacto sobre los procesos inflamatorios sistémicos es más acuciado (Chatelet, 2017).
- Ciertas funciones no productivas como la inmunidad, la defensa frente al stress oxidativo y el metabolismo proteico se ven más comprometidas (Gondret, 2017).
- Los procesos oxidativos durante la gestación reducen el peso y dispersión del mismo en los lechones al nacimiento (Le Treut, 2013).
- La heterogeneidad del peso al nacimiento tiene relación con los mortinatos (r=0,23, P<0,001).



