El uso de enemigos naturales (escaras, libéras, arañas, etc.) como agentes de control biológico han existido durante décadas, empleados por los cultivadores como táctica para combatir las plagas persistentes y de regreso. Sin embargo, la adaptación y la resistencia, entre otras razones, han hecho que su uso sea menos efectivo a lo largo de los años. Otra gran preocupación es cuando los cultivadores están tratando una planta que no es adecuada para la aplicación de enemigos naturales. Este problema es el principal punto focal del actual proyecto Biological Control 2.0 que está abordando la unidad de la Universidad e Investigación de Wageningen (WUR). El equipo está investigando las oportunidades para nuevos agentes de control biológico y técnicas de aplicación. El objetivo de la investigación, según la investigadora Ada Leman, es garantizar que las correcciones químicas se mantengan al mínimo.
Como se ha mencionado, los ciclos de desarrollo de algunas plantas no les ofrecen la oportunidad de aplicaciones enemigas naturales. Los casos que encajan en esta desafortunada categoría incluyen cuando las temperaturas de los invernadero se mantienen a temperaturas más bajas, causando la desviación/mal funcionamiento de la rutina al desplegarse, y cuando los cultivos simplemente no atraen a los agentes de control biológico. Un ejemplo de lo primero según WUR es cuando hay una capa delgada de cera en las hojas o tallos del cultivo, haciéndolos demasiado resbalosos para los enemigos naturales existentes.





