La Región de Valparaíso enfrenta una advertencia silenciosa bajo su propio terreno. Entre 2008 y 2023, el territorio registró un aumento del 68,5% de suelo desnudo, un cambio que vino acompañado de la disminución de vegetación densa y el aumento de edificaciones. Esta transformación no solo refleja un deterioro ambiental: también evidencia la pérdida de suelo productivo, memoria agrícola y estabilidad territorial.
Frente a este escenario, el país necesita replantear la manera en que cultiva. Los sistemas tradicionales ya no logran sostener el rendimiento en suelos más empobrecidos y con menos agua disponible. La búsqueda de alternativas sostenibles ha puesto a los microorganismos funcionales al centro de una revolución agrícola que se está gestando desde las raíces.
Un ejército invisible que trabaja con las plantas
Hongos, bacterias y levaduras —organismos diminutos pero esenciales— están demostrando que mejorar la fertilidad del suelo es posible sin depender exclusivamente de fertilizantes químicos. Entre ellos, los hongos micorrícico-arbusculares (HMA) han destacado por su capacidad para aumentar el acceso de las raíces a nutrientes como el fósforo y mejorar la retención de agua, un factor crítico para la agricultura chilena.
Las bacterias beneficiosas fijan nitrógeno, estimulan el crecimiento vegetal y protegen contra estrés, mientras que ciertas levaduras, menos conocidas en el ámbito agrícola, muestran un potencial notable para prevenir enfermedades. En conjunto, estos microorganismos permiten mayor rendimiento, menor uso de químicos y una agricultura más limpia y eficiente.





