La mosca común, Musca domestica, (Díptera: Muscidae) (figura 1) es una especie cosmopolita que no sólo produce intensas molestias a seres humanos y animales domésticos, sino que también es transmisora de más de 65 enfermedades considerando sólo a seres humanos.
La población de moscas se ha incrementado notablemente en galpones de gallinas ponedoras multiplicándose abundantemente en el guano por las dificultades de manejo y la creciente resistencia a la mayoría de los insecticidas más usados. (Roca-Acevedo et al., 2009) Por otro lado, el crecimiento de las áreas urbanas y barrios privados, ha hecho que las granjas que antes estaban retiradas de las ciudades, hoy en día estén en el límite o insertas en ella; esto agrava el problema de las moscas sobre todo si se tiene en cuenta que este insecto puede volar grandes distancias.
Para cuantificar la eficiencia del control o conocer la situación de una granja en algún momento, es básico disponer de un sencillo sistema de monitoreo que pudiera ser implementado por cualquier productor y que los resultados obtenidos fueran comparables a la de otros establecimientos similares. Para ello, un método muy simple propuesto por Axtell, 1970; Lysyk y Axtell, 1985; Geden, 2005 consiste en la utilización de tarjetas blancas de 8 x 12 cm en sitios donde se posan normalmente las moscas. Estas, al posarse al azar sobre cualquier superficie, lo hacen también sobre las tarjetas donde dejan sus deyecciones y regurgitaciones. Estas marcas se cuentan de las tarjetas, luego de estar 7 días exactamente fijadas. El número de marcas es proporcional a la densidad de adultos existente. Para los creadores de este sistema, se toman 100 marcas por tarjeta por semana como nivel de molestia (Lysyk y Moon, 1994). Barringer (1995), toma también 100 marcas por tarjeta por semana y remarca no colocar menos de 5 tarjetas por galpón. Estos umbrales son puramente subjetivos, aunque pueden ayudar de alguna manera a determinar su presencia y molestia. Una gran ventaja de utilizar tarjetas para el monitoreo es que no son tóxicas y se pueden archivar por mucho tiempo (Barringer, 1995).Actualmente en la Argentina no se emplean regularmente parámetros objetivos para cuantificar la población de moscas. Esta falta se da tanto por parte del productor como por autoridades municipales, provinciales y nacionales encargadas de la supervisión de granjas quedando la evaluación en apreciaciones subjetivas con una fuerte variación entre observadores y sus intereses. En muchas granjas del país existen graves problemas a raíz de la superpoblación de moscas que lleva a pleitos entre los dueños de las granjas con los vecinos y también se cierran granjas deliberadamente sin un simple estudio. Aunque este método se viene usando de hace tiempo (Zapater, 1997; Zapater et al., 2009), no se ha difundido lo suficiente.





