Los niveles de mortalidad antes del destete han aumentado en las unidades comerciales alrededor del mundo. Durante los últimos años promedian aproximadamente el 15% de los lechones nacidos vivos (PigChamp, 2019). Las estimaciones también sugieren que aproximadamente del 10 al 15% de los lechones nacidos son de bajo peso al nacer (es decir, pesan <1 kg) y que la mortalidad en estos lechones es extremadamente alta, a menudo superior al 50% (Vande Pol y Col., 2020). Se sabe que los lechones nacen con reservas de energía limitadas y si no son secados inmediatamente corren el riesgo de presentar hipotermia, por lo tanto, a partir de su nacimiento, los lechones, requieren de un rápido secado para reducir y evitar la mortalidad temprana (Blackie, N., 2019). El principal reto es que los lechones pasan de un ambiente cálido, como es el útero de la cerda (39 ºC), a un ambiente frío y húmedo como es la sala de parto (20-24 ºC), lo que provoca que durante los primeros 30 minutos de vida puedan perder de 3 a 5 °C de su temperatura corporal (Figura 1), y esto se complica aún más con el hecho de que presentan una casi inexistente capa de grasa subcutánea al nacimiento (Vande Pol y Col., 2020), siendo un hecho mucho más grave en lechones de bajo peso. Por lo tanto, es de suma importancia considerar la intervención de secado dentro de los procesos al recién nacido como estrategia potencial para reducir el grado de disminución de su temperatura (Vande Pol y Col., 2020),se minimiza la pérdida de calor asociada a la evaporación de fluidos amnióticos de la superficie corporal (Figura 1). Sin embargo, la efectividad puede variar dependiendo sobre todo del material para secado utilizado. Este proceso, en general, toma entre 20 a 30 segundos y su impacto representa un beneficio muy grande para los lechones.
Otro factor muy importante para considerar es la rápida depleción de las reservas de glucógeno y su relativa inmadurez metabólica, lo que los hace muy vulnerables en términos de termorregulación (Farmer C. y Edwards, S., 2020; Vande Pol y Col., 2020). Además, la hipotermia es una de las principales limitantes para la ingesta de calostro de calidad, ya que el lechón debe de estar activo para ir en busca de la ubre. El calostro resulta ser uno de los componentes más importantes que influyen en la supervivencia del lechón recién nacido (Tenbergen, R. y Metzenger, E., 2018), ya que provee el 75% de la energía que se requiere en las primeras 24 horas de vida (Farmer C. y Edwards, S., 2020). En promedio un lechón requiere de 29 minutos desde su nacimiento hasta que alcanza la ubre de su madre para comenzar con su ingesta de calostro. Como podemos observar en la figura 2, los lechones que llegan a la ubre dentro de los primeros 30 minutos de vida logran estar hasta 3.9°C más calientes que los que tardan más de 90 minutos en encontrarla (Tenbergen, R. y Metzenger, E., 2018). Lo anterior resalta la importancia del secado en los lechones, el cual los ayuda a mantener su temperatura corporal y con ello promover una rápida ingesta de calostro.




