Las aves están expuestas a una serie de factores estresantes causados por el medio en el que viven, entre ellos, una variedad de microorganismos potencialmente hostiles como virus, bacterias, hongos, protozoarios, entre otros parásitos. Cuando uno de estos agentes causa una infección, el organismo del ave desencadena inmediatamente varios procesos bioquímicos y celulares con el fin de controlar la acción y la multiplicación de estos microorganismos. En caso contrario, se podrán producir signos clínicos indeseables, perjudicando el desempeño productivo y pudiendo llevar a la muerte del animal.El organismo del ave presenta un sistema inmunológico capaz de reconocer y distinguir lo que es propio y lo que no lo es. En dicho proceso, es capaz de destruir o neutralizar materiales extraños, vivos o muertos. Es capaz de protegerse contra infecciones y aislar o retirar substancias extrañas no infecciosas. La defensa inmune se puede clasificar en dos categorías: la no específica y la específica, y ambas interactúan entre sí.
El sistema inmunológico no específico –también denominado innato o natural– protege contra substancias extrañas o células, sin tener necesariamente que reconocer su identidad específica. Los mecanismos de protección usados por estas defensas son las barreras físicas (piel, plumas, mucosas, etc.), células fagocíticas, citocinas y proteínas del sistema complementario; y no necesitan presentación previa al antígeno. El sistema inmunológico específico –también conocido como sistema adquirido– depende de una exposición previa al elemento extraño y se desarrolla específicamente frente al antígeno que la induce, lo que se realiza a través de linfocitos T (inmunidad celular) y linfocitos B (inmunidad humoral).
De manera general, los sistemas inmunológicos específico y no específico interactúan entre sí y se complementan para defender al organismo frente a agentes extraños. Por ejemplo, componentes del sistema inmune innato suministran instrucciones que permiten que la respuesta inmune adquirida seleccione los blancos específicos que atacará y que tenga estrategias para su eliminación. La respuesta inmune específica, una vez desarrollada, va a ser mucho más rápida y eficiente que la respuesta innata para destruir o eliminar un agente.
Complejidad de la respuesta inmune
Las células más comunes del sistema inmunológico son los glóbulos blancos, denominados leucocitos. Estos incluyen los heterófilos (neutrófilos en mamíferos), basófilos, eosinófilos, monocitos y linfocitos. El sistema inmunológico es extremadamente dinámico y necesita la replicación de estas células de defensa, así como la producción de citocinas y anticuerpos y también de otras proteínas de defensa como las del sistema complementario.
La proliferación de células de defensa requiere gran cantidad de nucleótidos. La presencia y disponibilidad de estos nucleótidos debe ser la más rápida posible. Extractos de levadura en general representan una excelente fuente de nucleótidos (5%-7% de su constitución). Investigadores de la North Carolina State University demostraron que pollos de engorde alimentados con dietas conteniendo extracto de levadura, mejoraban la respuesta inmunológica natural y también la adquirida.
De la misma manera, hay evidencias que indican que los minerales quelatados han demostrado tener un efecto positivo en la inmunología de las aves. Aunque aún no se haya investigado específicamente a las células de defensa inmunológica, existen estudios indicando que la utilización de zinc orgánico reduce la presencia de E. coli en pavos desafiados con esta bacteria (Mississipi State University). Se ha observado una reducción de las lesiones dérmicas en pollos de engorde desafiados (Auburn University) o no (Universidad Federal de Pelotas de Brasil) con E.coli.
Con seguridad, una de las primeras líneas de defensa la realizan los macrófagos que se encuentran en todos los órganos y tejidos. Existen varias poblaciones de células que no son macrófagas (no provienen de monocitos) pero ejercen varias funciones de macrófagos. Colectivamente se las denomina dendritas y están distribuidas en todos los tejidos. Los macrófagos fagocitan el cuerpo extraño y lo destruyen a través de la acción oxidativa, esto es, producción de substancias derivadas del oxígeno reactivo (O2°-, H2O2, HO°, °NO). Estos radicales libres producidos por la respuesta inmune pueden causar lesiones al propio organismo. La inclusión de antioxidantes en la dieta ayuda a aliviar las lesiones causadas por los radicales libres a los propios tejidos.
Entre los antioxidantes encontramos a la vitamina E y al selenio, los que interactúan en la neutralización de radicales libres. La vitamina E actúa a nivel de la membrana destruyendo los peróxidos que se generan allí, así como los radicales libres exógenos que agreden a la membrana. Por otra parte, la glutatión peroxidasa (GSH-Px), dependiente del selenio, destruye a los peróxidos generados principalmente dentro del citoplasma. Aparentemente, tanto el selenio en forma inorgánica como en forma orgánica (selenio-levadura) son capaces de realizar este proceso. Mientras tanto, existen diferencias fundamentales entre ellos.
Al contrario de lo que ocurre con la forma orgánica del selenio, la forma inorgánica tiene un rol pro oxidante y no se almacena en grandes cantidades en los tejidos como reserva para que el organismo emplee y tenga a disposición durante períodos de estrés. Estudios desarrollados por el Centro de Nutrigenómica de Alltech, ubicado en los Estados Unidos, indicaron que el selenio orgánico (en forma de selenio-levadura) tiene una mayor capacidad para activar genes que codifican la síntesis de GSH-Px y de superóxido dismutasa, que interactúan en la destrucción de peróxidos. Por otra parte, el mismo laboratorio demostró que el selenio-levadura es capaz de reducir la activación de un gen (identificado como gen GADD45â) que indica menos estrés oxidativo del ADN.
El argumento anterior justifica, en parte, la acción protectora benéfica ejercida por el selenio orgánico frente a la acción adversa de las micotoxinas. Luego de una extensa revisión, investigadores del Scottish Agricultural College concluyeron que las micotoxinas promovían la peroxidación lipídica de los sistemas biológicos. Esta acción, sin lugar a dudas, altera la especificidad química ya definida entre los diferentes componentes del sistema inmunológico perjudicando su interacción. Esta información fue confirmada por los propios investigadores de la universidad mencionada, así como por otros colegas de la Universidad Federal de Pelotas de Brasil. La acción benéfica del selenio orgánico sobre la acción adversa de las micotoxinas solo se constató cuando el selenio se asociaba con un adsorbente de micotoxinas a base de glucomananos (extraído de la pared interna de la levadura). Un trabajo de la Universidad Federal de Paraná de Brasil muestra, además, que el selenio orgánico puede incrementar el número de células T en la mucosa intestinal y reducir las enteritis inespecíficas en aves.




