Mantener un ambiente cálido y estable durante el invierno es fundamental para asegurar el bienestar y el rendimiento en la producción porcina moderna. Según especialistas citados por AgroXXI, cuando las temperaturas descienden por debajo del rango óptimo, los cerdos desvían energía del crecimiento hacia la conservación del calor, lo que reduce la ganancia de peso y aumenta el riesgo de enfermedades. Este problema se intensifica en los lechones, cuyo sistema de termorregulación aún es inmaduro, haciéndolos más vulnerables a hipotermias y fallas inmunológicas.
Las bajas temperaturas generan un fuerte estrés fisiológico: incrementan el consumo de alimento sin mejoras equivalentes en desarrollo y pueden elevar la mortalidad temprana, especialmente en instalaciones con deficiente aislamiento. Por ello, la literatura técnica resalta la importancia de mantener un microclima estable en salas de maternidad, con humedad controlada, mínima presencia de gases y una fuente de calor permanente. Aunque la temperatura ambiente pueda ser adecuada para la cerda, no lo es necesariamente para los lechones, quienes requieren un gradiente térmico más alto y constante.





