Fue en el gobierno de Galo Plaza Lasso, allá por los años 50, cuando conjuntamente con el apoyo de Clemente Yerovi Indaburu, ministro de la Producción, tuvieron el acierto de emprender en el desarrollo del cultivo de banano, variedad Gros Michel, conociendo lo que ya ocurría en Centro América y El Caribe, con la presencia de la enfermedad conocida como Mal de Panamá, provocada por un hongo denominado Fusarium oxysporun f.sp. cubense, que prácticamente arrasaba con el cultivo
La decisión tomada por el gobierno y el emprendimiento de productores ecuatorianos y algunos extranjeros afincados en nuestro suelo o que llegaron atraídos por el despertar en la producción de este cultivo, considerando las condiciones de clima, suelo y provisión de agua, fueron claves para que nuestro país iniciara el camino del éxito en la producción bananera y en corto tiempo alcanzara la posición de primer exportador mundial de esta fruta.
Fueron doce años de bonanza, pero el Mal de Panamá que arrasaba los cultivos de banano en Honduras, Costa Rica, Panamá, Guatemala, República Dominicana, etc. también llegó a nuestros lares y comenzó la debacle sin respuesta sanitaria en ese entonces para mitigar el problema.
Afortunadamente la naturaleza nos entregaba una sorpresa, al encontrar en los jardines de una familia de apellido Cavendish en Inglaterra, un cultivar resistente a la enfermedad que asumió el nombre de esa familia y que empezó su multiplicación y desarrollo, aunque el sabor y aroma del Cavendish no fuera comparable con el Gros Michel, también denominado “Guineo de Seda”.
En medio de la desgracia, hubo ecuatorianos decididos a viajar a Centro América y prácticamente conseguir a cualquier precio el material valioso para reiniciar con mucho entusiasmo el regreso a la actividad productiva bananera. Recuerdo a muchos de ellos comandados por el Ing. Rodrigo Caamaño, productores como Servio y Alberto Serrano, Esteban Quirola y otros más que tuvieron el acierto y valentía para lograr este cometido.





