La enfermedad está presente en Colombia desde hace más de seis décadas y su manejo se basa en prevención, erradicación y cuarentena, explicó la investigadora colombiana Mónica Betancourt Vázquez.
El moko continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios para la producción de musáceas en Colombia y Ecuador. La enfermedad no desaparece una vez que llega a una zona, por lo que la estrategia debe centrarse en contenerla y evitar su propagación.
Así lo explicó Mónica Betancourt Vázquez, investigadora PhD senior de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia), en entrevista con Diario El Productor durante el Simposio AgrotecBAN 2026, realizado en Guayaquil.
Betancourt señaló que Colombia enfrenta el moko desde hace más de 60 años y que durante la década de los noventa la enfermedad generó una situación crítica que llevó al fortalecimiento de las medidas de prevención y manejo.
Actualmente, el moko se encuentra disperso en diferentes zonas del país, pero los productores han desarrollado protocolos para convivir con la enfermedad y reducir sus efectos, tanto en banano como en plátano.
Erradicación y cuarentena, la clave
La investigadora explicó que la bacteria causante del moko puede multiplicarse en las plantas afectadas y posteriormente llegar al suelo, convirtiéndolo en una fuente de contaminación.
Por esta razón, sostuvo que la erradicación de las plantas enfermas y el cumplimiento de la cuarentena son las principales herramientas de manejo.
También señaló que las malezas pueden servir como hospederos de la bacteria, por lo que deben ser eliminadas como parte del protocolo.
Según Betancourt, después de la erradicación pueden incorporarse otras herramientas, como los vacíos biológicos y el control con microorganismos benéficos. Sin embargo, advirtió que estas alternativas no sustituyen la cuarentena.
“Aunque tú hagas vacío biológico o aplicación de controladores biológicos, si no respetas la cuarentena, es muy probable que la bacteria siga ahí”.
Colombia aprendió de la crisis
La investigadora recordó que durante los años noventa algunos productores colombianos ocultaban la presencia del moko por temor a las cuarentenas y al cierre de sus fincas.
Esta situación, explicó, terminó dificultando la atención del problema.
“Negarse a la realidad lo único que hace es empeorarla. Es mejor aceptarlo y pedir ayuda”, sostuvo.
Para Betancourt, Ecuador atraviesa actualmente una etapa similar de aprendizaje frente a la enfermedad. A su criterio, el primer paso es reconocer que el moko llegó para quedarse y que su manejo requiere protocolos, capacitación y seguimiento permanente.
También recomendó a los productores no confiar en “fórmulas mágicas”, debido a que el control de la enfermedad requiere una estrategia integral y sostenida.
Un sistema vulnerable
Colombia cuenta con aproximadamente 50.000 hectáreas de banano, de las cuales unas 35.000 se concentran en Urabá y alrededor de 15.000 en Magdalena, además de superficies menores en La Guajira.
En plátano, el país supera las 450.000 hectáreas, mientras que en zonas cafeteras también existen cultivos de banano Gros Michel.
La investigadora explicó que actualmente no existen variedades de banano resistentes al moko. La amplia variabilidad de la bacteria dificulta el desarrollo de materiales que puedan considerarse resistentes de manera general.
En contraste, existe una gran diversidad genética de bananos. Agrosavia cuenta con un banco de germoplasma de alrededor de 180 materiales, mientras que el banco internacional administrado por la Alianza Bioversity International y el CIAT conserva cientos de accesiones.
Sin embargo, la producción comercial de banano de exportación se concentra principalmente en materiales como Williams, Valery y Gran Enano, lo que incrementa la vulnerabilidad del sistema frente a patógenos.
Cambio climático puede aumentar los riesgos
Betancourt también advirtió que las condiciones climáticas pueden agravar los problemas sanitarios. Los períodos de sequía debilitan las plantas y pueden aumentar su susceptibilidad frente a diferentes enfermedades.
Por ello, consideró necesario fortalecer las estrategias de prevención y manejo, especialmente frente a escenarios de mayor variabilidad climática.
“Ecuador puede enfrentar el desafío”
La investigadora envió un mensaje a los productores ecuatorianos y destacó la capacidad de organización y resiliencia de la industria bananera nacional.
“No va a ser moko ni Foc la causa de la desaparición del banano en Ecuador”, afirmó.
A su juicio, el desafío debe enfrentarse mediante tecnología, capacitación y trabajo conjunto, debido a que las enfermedades no reconocen límites entre fincas.
“Cuando yo protejo mi finca, también protejo la del lado y, obviamente, protejo toda la industria bananera”, señaló.
Para la especialista colombiana, el manejo sanitario debe asumirse como una responsabilidad colectiva. La prevención y el cumplimiento de los protocolos en cada finca serán determinantes para reducir la propagación del moko y proteger la producción de musáceas en Ecuador.
«El planeta tierra nuestra casa tal vez única en sistema solar deberíamos cuidarla desde hace muchos años atrás, no solo en tiempos del niño, hoy el planeta se prepara de seguir la situación actual, como guerras , sobre explotación de los recursos naturales , monocultivo, agricultura ha base de químicos mal manejados y las malas practicas de los seres humano a un punto de no retorno es hora de cambiar y cuidar nuestro planeta para que así disfrutemos todos de los servicios ecosistémico que nos da…»
Ing. Alberto Navarrete Fuentes. sobre ECUADOR: Agro busca anticiparse a El Niño · hace 2 días